Este año que pasa no fue simple. Fue un año de estallidos sociales, de desastres naturales en distintos lugares, de transmutación. Un año que condensó muchísimo aprendizaje, principalmente espiritual.
Para mí, a diferencia de otras personas que he leído, este año lo considero bueno. Han ocurrido cosas en mi vida que me han hecho feliz, ha llegado gente a mi vida que me ha iluminado y me ha purificado. Me he aventurado en cosas que antes no habría hecho, y sin mirar atrás, sin temores.
Pero quizás lo que más me llama a reflexionar sobre este año que se va es el paso implacable del tiempo y cómo este precipita cambios y revelaciones en todo y todos. Nos enfrentamos a un mundo donde dos grandes fuerzas se enfrentan; una fuerza del pasado que pretende perpetuar órdenes añejos con tal de mantener poder y privilegios, y una fuerza del futuro más humanitaria, más universal, más elevada espiritualmente que lucha por encontrar verdades en este mundo lleno de mentiras. Una fuerza a la que no le interesa concentrar poder de ningún tipo, sino más bien repartirlo de manera que las nuevas generaciones puedan crecer en una libertad nunca antes experimentada, y que por cierto venga a desterrar la mal llamada libertad que reina en estos tiempos.
La gente que despierta ve que la libertad que se defiende desde el poder es un acto de deshumanización, que bajo la bandera de la liberalización lo que se consigue es la destrucción de lo que nos une, lo humano, lo que nos hace respetarnos. La ultraliberalización persigue que la libertad no termine donde empieza la libertad del otro, sino que termine sólo cuando nuestra capacidad de arrasar con todo y con todos termine. Estamos en un tiempo de catarsis, un tiempo coyuntural donde los que quieren defender esos privilegios inhumanos se disfrazan de tolerantes, llamándole libertad a la mediocridad, a la irresponsabilidad y a la automatización. Pretenden ahuecar almas y cabezas, convenciéndoles que no deben reflexionar ni criticar este orden. Nos quieren hacer creer que realmente este es el fin de la historia, en tiempos en los que el capitalismo finalmente se pisa la cola y empieza a destruir la clase media aburguesada que construyó, empobreciendo a la mayoría para enriquecer a unos pocos.
No se puede creer que con emprendimiento y libertad se van a traspasar las barreras del orden social. En el peor de los casos, para pertenecer a ese grupo de los protegidos debe hipotecarse mucho de humanidad y aceptar que esa liberalización ridiculice la verdadera naturaleza libre del humano, esa que nos ha sido dotada por fuerzas infinitamente mayores que el dinero.
Este 2012 esperamos que sí haya un final de mundo. Queremos que se acabe este mundo cínico e inhumano, lleno de injusticia por donde se le mire. Queremos que el mundo que está de cara al despertar y a las revelaciones lo haga finalmente para aplastar por increíble mayoría las voluntades de aquellos empeñados en preservar ideas y órdenes sanguinarios o deshumanizantes. Queremos que la libertad sea entendida como algo más sincero y real de lo que es ahora, un sentido final, un punto de llegada de un camino largo que consiste en liberarnos del miedo, y abrazar el amor al prójimo. Un mundo donde reine el perdón, donde veamos causas sociales donde parecen abundar solo evidencias criminales, un mundo que construya el sentido de la libertad desde ángulos distintos al emprendimiento ya condicionado por quién eres.
A veces cuesta mucho ser militante de las propias ideas y practicarlas siempre. Pero creo que se debe partir de la siguiente premisa: no permitas que nadie influya en tu vida de una manera que sabes que te hará mal y no dejará que te desarrolles como humano (y como ser divino). Si eso incluye las fuerzas más grandes que ahora reinan, entonces pregúntate todos los días como prescindir de ellos, cómo puedes construir un mundo sin que ellos te brinden el sentido común, lo que es correcto o no. Y sin odio, sin eliminación, sino simplemente con la genialidad de quien descubre que otro mundo es posible, con una mayor y mejor libertad, sin volver al pasado, sino que descubriendo un nuevo camino hacia el futuro, basado en que en el presente, lo único que realmente tenemos, lo que usualmente nos hace ser felices es el amor y sus infinitas manifestaciones. No confíes en quien en el nombre de la libertad pretende abolir, censurar y eliminar todo lo que atenta contra su libertad: el verdadero ser libre no necesita censurar a nadie, sólo le basta con mostrar con honestidad quién es, aunque ello le cueste la vida.
Espero que este 2012 nos traiga luz y verdad, es lo que este mundo necesita, un mundo que está mucho más lleno de miseria que lo que parece, pero al mismo tiempo alberga una explosión de justicia que espera filtrarse por los rincones oscurecidos del mundo.
Paz.