sábado 31 de diciembre de 2011

Del pasado al futuro.

Llega un nuevo fin de año, y me siento llamado a reflexionar sobre este 2011 que nos deja.

Este año que pasa no fue simple. Fue un año de estallidos sociales, de desastres naturales en distintos lugares, de transmutación. Un año que condensó muchísimo aprendizaje, principalmente espiritual.

Para mí, a diferencia de otras personas que he leído, este año lo considero bueno. Han ocurrido cosas en mi vida que me han hecho feliz, ha llegado gente a mi vida que me ha iluminado y me ha purificado. Me he aventurado en cosas que antes no habría hecho, y sin mirar atrás, sin temores.

Pero quizás lo que más me llama a reflexionar sobre este año que se va es el paso implacable del tiempo y cómo este precipita cambios y revelaciones en todo y todos. Nos enfrentamos a un mundo donde dos grandes fuerzas se enfrentan; una fuerza del pasado que pretende perpetuar órdenes añejos con tal de mantener poder y privilegios, y una fuerza del futuro más humanitaria, más universal, más elevada espiritualmente que lucha por encontrar verdades en este mundo lleno de mentiras. Una fuerza a la que no le interesa concentrar poder de ningún tipo, sino más bien repartirlo de manera que las nuevas generaciones puedan crecer en una libertad nunca antes experimentada, y que por cierto venga a desterrar la mal llamada libertad que reina en estos tiempos.

La gente que despierta ve que la libertad que se defiende desde el poder es un acto de deshumanización, que bajo la bandera de la liberalización lo que se consigue es la destrucción de lo que nos une, lo humano, lo que nos hace respetarnos. La ultraliberalización persigue que la libertad no termine donde empieza la libertad del otro, sino que termine sólo cuando nuestra capacidad de arrasar con todo y con todos termine. Estamos en un tiempo de catarsis, un tiempo coyuntural donde los que quieren defender esos privilegios inhumanos se disfrazan de tolerantes, llamándole libertad a la mediocridad, a la irresponsabilidad y a la automatización. Pretenden ahuecar almas y cabezas, convenciéndoles que no deben reflexionar ni criticar este orden. Nos quieren hacer creer que realmente este es el fin de la historia, en tiempos en los que el capitalismo finalmente se pisa la cola y empieza a destruir la clase media aburguesada que construyó, empobreciendo a la mayoría para enriquecer a unos pocos.

No se puede creer que con emprendimiento y libertad se van a traspasar las barreras del orden social. En el peor de los casos, para pertenecer a ese grupo de los protegidos debe hipotecarse mucho de humanidad y aceptar que esa liberalización ridiculice la verdadera naturaleza libre del humano, esa que nos ha sido dotada por fuerzas infinitamente mayores que el dinero.

Este 2012 esperamos que sí haya un final de mundo. Queremos que se acabe este mundo cínico e inhumano, lleno de injusticia por donde se le mire. Queremos que el mundo que está de cara al despertar y a las revelaciones lo haga finalmente para aplastar por increíble mayoría las voluntades de aquellos empeñados en preservar ideas y órdenes sanguinarios o deshumanizantes. Queremos que la libertad sea entendida como algo más sincero y real de lo que es ahora, un sentido final, un punto de llegada de un camino largo que consiste en liberarnos del miedo, y abrazar el amor al prójimo. Un mundo donde reine el perdón, donde veamos causas sociales donde parecen abundar solo evidencias criminales, un mundo que construya el sentido de la libertad desde ángulos distintos al emprendimiento ya condicionado por quién eres.

A veces cuesta mucho ser militante de las propias ideas y practicarlas siempre. Pero creo que se debe partir de la siguiente premisa: no permitas que nadie influya en tu vida de una manera que sabes que te hará mal y no dejará que te desarrolles como humano (y como ser divino). Si eso incluye las fuerzas más grandes que ahora reinan, entonces pregúntate todos los días como prescindir de ellos, cómo puedes construir un mundo sin que ellos te brinden el sentido común, lo que es correcto o no. Y sin odio, sin eliminación, sino simplemente con la genialidad de quien descubre que otro mundo es posible, con una mayor y mejor libertad, sin volver al pasado, sino que descubriendo un nuevo camino hacia el futuro, basado en que en el presente, lo único que realmente tenemos, lo que usualmente nos hace ser felices es el amor y sus infinitas manifestaciones. No confíes en quien en el nombre de la libertad pretende abolir, censurar y eliminar todo lo que atenta contra su libertad: el verdadero ser libre no necesita censurar a nadie, sólo le basta con mostrar con honestidad quién es, aunque ello le cueste la vida.

Espero que este 2012 nos traiga luz y verdad, es lo que este mundo necesita, un mundo que está mucho más lleno de miseria que lo que parece, pero al mismo tiempo alberga una explosión de justicia que espera filtrarse por los rincones oscurecidos del mundo.

Paz.

jueves 24 de noviembre de 2011

La gran alegría.

La estabilidad y el orden están altamente sobrevalorados. Nadie puede defender esos valores cuando justamente esa defensa es a su vez la perpetuación de órdenes podridos, antipopulares, explotadores e inhumanos. Ningún sistema debería ser naturalizado como positivo solamente porque es el "menos malo"; siempre debemos cuestionarlo porque más allá de lo malo o bueno que sea, nunca debe ser antipopular.

Hoy tenemos una democracia antipopular, excluyente, que si dependiera exclusivamente de los deseos de quienes la comandan, debería independizarse de los electores. Hoy tenemos un país que bajo la amenaza de la escasez de recursos, de la delincuencia y de la posibilidad del caos en general, acepta un orden que sin necesitar llegar a niveles como las dictaduras de ciencia-ficción, reúne múltiples elementos de un régimen sin el pueblo, pero que ni siquiera es para él o por él. Muchísimos argumentos, la nula garantía de los derechos sociales básicos gratuitos y de calidad, las familias que dominan Chile, la nula soberanía económica respecto de las potencias, la explotación laboral...surgen muchos elementos como para entender que la idea de que "todo debe costar en la vida" es una instalación hecha por los que trajeron el sistema, quienes necesitaban esta sumisión de la gente.

Si algo es gratuito no tengo porqué dejar de cuidarlo o valorarlo. Si el Estado es leal conmigo, yo lo soy leal al Estado. ¿Pero acaso el Estado será siempre una entidad que, buena o mala, estará lejos de mí, en un palacio, juzgando si la nación hace los méritos suficientes? No, el Estado soy yo, tú, que lees, mis padres, mis amigos. El Estado es la gente común y corriente, esta clase trabajadora que al final del día reúne a pobres y clase media, esa clase pauperizada que depende de un buen sueldo o trabajo para mantenerse sobre la línea de la pobreza. Y si no fuera el Estado, de todas formas somos nosotros los que debemos proporcionarnos gobierno. Porque no podemos seguir siendo tan ilusos, porque si de una forma u otra avalamos este orden, pidiendo reformas pero no tomando el poder, las condiciones básicas de esta contienda seguirán siendo las mismas y, a diferencia de otros lugares del mundo, nuestra élite no se siente forzada a ceder. Al contrario, han sabido adaptarse al dar pequeños terrenos en ciertas materias y así han extendido su dominio.

El punto es cómo dejar de pedir esos pequeños pedazos y definitivamente ser nosotros quienes proporcionan el gobierno y el sentido de ser chileno, como leí por ahí, el "proyecto nacional y popular" de país que queremos. Y tomando las palabras de otro bloguero que me hicieron mucho sentido, debemos abandonar el miedo. Al final del día, es el miedo, la constante aspiración a algo "mejor", lo que nos lleva a aceptar y a actuar según los cánones de lo que nos ponen por delante. Nos tienen convencidos de que la vida de quien trabaja, una persona de clase media, es una vida de deudas. Nos tienen convencidos de que dependemos de créditos para conseguir algo más. Nos dicen cómo debemos ser y cuáles son las consecuencias de no ser así. Nos quieren empujar cada vez más hacia un precipicio de pobreza mental y material, pero es ahí donde nosotros perdemos el respeto por todo lo que ellos han inventado.

No fueron los ricos los que inventaron el Estado, o la economía, o la cultura. Pero sí es nuestra élite la que forjó este Estado, esta economía y con mucho esfuerzo, esta cultura a fuerza de vaciar la cultura popular y el transplante norteamericano. Podemos intentar escribir una historia paralela y esperar que de tanta voluntad e inspiración la línea de esa historia deje de ser paralela y choque a la línea oficial, desviándola y ocupando su lugar. ¿Pero para qué vamos a escribir una historia paralela, si este país y esta historia nos pertenece? ¿Para qué vamos a destruir al Estado o a la economía si son estos casos particulares los que nos explotan? Vivimos en la modernidad y hemos sido en gran parte determinados por toda la cultura occidental moderna. Somos hijos de estas instituciones y para poder superarlas al menos debemos ser capaces de apropiarnos de ellas y, con eso, quizás empezar un camino para llegar a un estado mejor.

Pero si no somos capaces de reescribir la historia que nos tocó vivir y en vez de eso construimos un sentido lateral que esperamos que colisione con la historia oficial, tendremos largo rato para lamernos las heridas. Debemos perder el respeto a esta cultura cívica vacía de sentido de lo público; debemos escupir sobre esta democracia antipopular de cartón que solo sirve para las estadísticas y para calibrar la balanza de la repartición del poder entre los viejos conocidos; debemos trascender el miedo que tenemos a lo desconocido, al cambio, al caos, al autogobierno. Debemos dejar de esperar que sean otros los que se preocupen de darnos gobierno. Debemos ser capaces de entender que lo que nos están poniendo por delante no es nuestro, no lo creamos, no lo queremos, no queremos conocerlo y es nuestro enemigo. Nosotros pondremos nuestro propio país delante, el de la mayoría innegable e incuestionable, porque es la mayoría la que trabaja para vivir, y es la minoría la que vive para seguir enriqueciéndose.

Es fe. La fe suele relacionarse con lo sobrenatural o lo desconocido. Gran parte de lo que puede hacer este mundo para superar esta fase de la historia se basa en la fe de que un futuro mejor puede venir, de que acá no se acaba todo, de que no es el "fin de la historia". Y así lo creo; es la fe en que podemos hacer algo mejor de lo que se nos ha convencido. Esa fe es la que nos llevará a encontrar la gran alegría, la alegría de ser libres del miedo, de lo que nos mantiene encadenados y miopes respecto de las posibilidades del humano como individuo y como ser en sociedad. Esa es la única gran alegría posible que podremos compartir como mundo entero, como posibilidad y manifestación virtuosa de la existencia misma del Universo.

miércoles 16 de noviembre de 2011

Filosofía del temor.

No le temas a lo que pueda pasar. Témele a la incapacidad de hacer que algo pase.

Y luego de temerle (y por ende de hacerlo consciente), invierte tu vida en hacer que ello pueda ocurrir.

miércoles 5 de octubre de 2011

Torre de Babel.

Es triste esto del desalojo.

Es triste porque al final la toma no sirvió de mucho respecto del ámbito nacional, y porque nadie sabe qué pasará con lo local.

Es triste porque los radicalizados creen que la lucha es solo sobre principios y quien tiene la verdad moral, y no sobre política y cómo ganar algo para todos.

Es triste porque los reaccionarios se ríen en la cara del esfuerzo de los otros, porque creen que vuelven a clases como si se tratara de la panacea, de algo que les garantizará ser alguien en la vida, y porque están seguros de que está bien pagar por ello.

Pero sobre todo, es triste porque la fuerza pública nuevamente recae sobre la gente común y corriente, porque el derecho a pensar distinto es una pintura, porque la plata sigue reinando, porque el lucro sigue siendo el cáncer no solo de la educación sino de la vida entera.

Es triste porque al parecer es mucho el sacrificio para el cambio que se espera, y que no se sabe si llegará.

Es una Torre de Babel. Todos hablan la lengua que les interesa hablar, nada más.

Pero sí hay una lengua única. La justicia no tiene medias tintas, y es la que prevalecerá tarde o temprano.

Esperamos la victoria.

jueves 8 de septiembre de 2011

Impulso.

Nací para resolver problemas, por eso me trastorno cuando no los hay.

Nací para compartir vulnerabilidades, pero inexorablemente prefiero cobijarme en la sombra de otro antes que ser yo el árbol que da sombra.

Nací para ser feliz, aunque me cueste creerlo, al punto de evitar serlo.

Nací creyendo en los compromisos, y crecí para abominar de ellos.

Nací en sociedad para que mi egoísmo me transformara de a poco en un antisocial.

Nací para darme cuenta de todos mis defectos, malos hábitos, cobardías y fallas.

Nací para sobreponerme a todo aquello.

Nací para sudar sangre.

Shrink time.

Orden. Cautela. Claridad. Honestidad.

Este es el mantra que debo mantener en este momento para combatir.

Para combatir a esa sensación extravagante, extraña, compleja, inédita, que hoy encuentra su salida fácil en la palabra tristeza.

sábado 16 de julio de 2011

Luz compañera.

Acá no hay salvación, pues nadie necesita ser salvado.

Acá hay cariño, compromiso, verdad, personas bienintencionadas.

Acá hay un tesoro, una chance que da la vida.

Acá hay luz.

Caminemos juntos, sin saber donde termina esto.

(: