Lo vinieron a ver sus hijos y nietos. Se podía jactar de tener una numerosa y feliz familia, criada quizás bajo el rigor, pero por lo mismo, bajo un amor honesto y sincero. Disfrutaba de hablar con ellos, en especial con sus nietos, quizás pensando en lo que todavía podía transmitirles de bueno para sus jóvenes vidas.
Este viejo vivía al borde de un camino que subía un cerro. Conocía a la mayoría de sus vecinos y conocía por ende sus vidas. Sus días eran más bien un ritmo compuesto por la sucesión de pausas, hechas para la conversación, y de momentos para atender el kiosco que lo mantenía activo y entretenido la mayoría del tiempo. Sus hijos le querían convencer de que no era necesario ya, que podían mantenerlo y él dedicarse a descansar, pero él se negaba rotundamente a esa entretención. Además, era la ventana al mundillo que aparecía frente a él en ese camino que pasa fuera de su casa.
Aquel día uno de sus nietos le preguntó si acaso no tenía miedo de que le robaran, si acaso no tenía miedo de dar fiado y que nunca le pagaran de vuelta, si acaso no temía de todo lo extraño que podía aparecer del otro lado del mostrador.
"Hijo querido, si tuviera miedo por cada cosa que me pudiera pasar, viviría encerrado en un búnker aséptico, sin tocar a nada ni a nadie, e incluso si quisiera controlar todo eso, no podría controlar el hecho de que un terremoto derrumbe el búnker o que un ataque al corazón me robe de este mundo".
"Todos los días me pueden robar, todos los días pienso si me irán a devolver lo que fié, quizás me pueden robar y disparar y morir así, dramáticamente. Quizás un tipo ebrio choque su auto y termine incrustado en mi patio mientras tomo sol, como esas noticias increíbles que salen en el noticiero de las nueve. Pueden pasar tantas cosas, que incluso si me propusiera controlar esos riesgos se me escapan miles más".
"Pero la ironía, nieto mío, la ironía es que la gente insiste en controlar esos riesgos. Insiste en mantener todas las variables bajo su vista, incluso cuando saben o al menos intuyen que aquello es imposible. Se esmeran en que sus vidas sean estables, y no sospechan que esa estabilidad muchas veces es la razón de su miseria".
El nieto no entendía del todo lo que su abuelo quería decirle.
"Pero abuelo, con todas las cosas que pasan hoy en todos lados, con la manera en la que es la gente...Hoy no se puede confiar en nadie, ¿cómo espera que la gente haga algo distinto?"
"Es cierto chiquillo, es cierto que el mundo hoy tiene muchos vicios y personas nefastas que hacen de la fe algo macabro, pero justamente por eso es que hay que dejar de perder el tiempo en controlar esas variables. Lo que quiero decirte es que si bien parece lógico intentar protegerse del mundo, es mucho más lógico recuperar ese tiempo e invertirlo en tratar de cambiar lo que nos parece mal. Porque es justamente el cambio lo que sostiene nuestras vidas. El cambio es la única forma verdadera de estabilidad, pues lo único que podemos asegurar es que las cosas cambian siempre, y aunque veamos que en esta era son muchas las cosas que cambian para arruinarse, si eliminamos esa oportunidad de nuestras vidas, como convicción, no tendremos chance alguna de ver un mañana más prometedor. Yo no tengo miedo no porque crea que nada de eso me puede pasar, sino que porque entiendo que lo que tiene que pasar, pasará, y todo ello está al servicio de la historia, de mi historia, de nuestra historia, y de cómo nosotros podemos escribir sobre el guión".
"Nieto querido, recupera el tiempo que pierdes en defender lo que a duras penas has ganado. No creas que por no defenderlo lo estás desmereciendo, porque ya sabes que es tuyo y sabes que aunque creas que no tienes flancos débiles, los tendrás. Pero de la misma forma que dicen que la mejor defensa es el ataque, así vive tu vida: ataca la rutina y los vicios que se eternizan, y conquista esas tierras para instaurar algo nuevo que trasmute para mejor. Quizás puedo pedirte que respetes la música que yo escuchaba cuando era joven, pero no tendría sentido que te dijera que la escucharas, porque entiendo que la música cambió y, para mejor o peor, hay que hacerse cargo de la era de cada uno".
Los nietos lo miraban como queriendo extraer cada gota de las palabras del abuelo. La familia se fue ese día a cada casa, y el viejo siguió en la falda de ese cerro, mirando el mundo desde su ventana, desde su kiosco, sin temer a lo que quizás mañana apareciera, porque su vida le había enseñado lo que quizás todos deberías reflexionar: sin cambio, y sin oportunidades para él, no tendremos nunca la chance de aspirar a algo mejor de lo que tenemos. Destinando el tiempo que usamos en defender lo inamovible para mover lo indefendible, para cambiar lo injustificable, entonces quizás estaremos a la altura de lo que esta especie está llamada a hacer: conquistar la felicidad.
1 comentarios:
el viejo tiene tanta razón.
que bueno que hayas sabido.
me dejó pensando, reflexionando...
cuando tenga mis ideas claras, te cuento
<3
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